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Kickingball: El deporte que une a venezolanas que han llegado a vivir al Norte de Texas

La combinación entre futbol y beisbol las mantiene conectadas a sus raíces tras salir de su país por la crisis económica y política

Un jersey de color negro con líneas rosadas y con un escudo que contiene una pelota de futbol y las banderas de Venezuela, Estados Unidos y Texas es como luce la playera que portan las integrantes del nuevo equipo de kickingball formado en Lewisville por venezolanas que han hecho del Norte de Texas su nuevo hogar.

Jugadoras de todas las edades se reúnen puntualmente los martes y jueves a las 7 p.m. en el diamante de beisbol del campo de Lake Park para practicar el deporte que aprendieron desde que eran unas niñas en su tierra natal.

“Es como sentir un pedacito de Venezuela aquí, nos hace sentir que no estamos tan lejos si nos tenemos unas a las otras y practicamos nuestro deporte”, dijo Jeniree Irausquin, de 29 años, originaria de Falcón, Venezuela.

El kickingball es un deporte femenino que se practica como un deporte oficial en Venezuela y apareció como una alternativa del beisbol, pero para mujeres.

La Federación Venezolana de Kickingball (FEVENKIC) quedó establecida en 2001.

Campo de beisbol con pelota de futbol

Irausquin, explicó que las reglas son muy parecidas a las del juego de beisbol, sin embargo, se utiliza una pelota de futbol.

El juego se desenvuelve en el diamante tradicional del beisbol, los partidos se juegan a siete innings y cada equipo está integrado por 10 jugadoras.

Al igual que el béisbol, cada inning consta de tres outs.

En promedio, un juego de kickingball dura una hora y media.

Durante un entrenamiento reciente, las integrantes del equipo Dallas Kickingball bromeaban entre ellas sobre sus habilidades para el juego, otras se preguntaban entre sí sobre su día a día: “¿Y a ti, cómo te fue hoy?” “Venga, córrele que te alcanzo”. “¿Me puede ayudar con el cabello?”, eran algunos de las frases que se escuchaban en el campo de juego.

Los descansos de hidratación también son momentos claves para establecer la hermandad entre las jugadoras ya que es cuando todas platican y se resuelven dudas entre ellas sobre cómo navegar su nueva vida en este país.

“Es el calorcito venezolano, sabes que si necesitas algo, esa chica te va dar la mano. Se trata de ayudarnos entre las otras y sobre todo divertirnos de una manera sana con el deporte”, dijo Maryisabel Leal, de 29 años, originaria de Maracaibo, Venezuela.

Leal tiene ocho meses viviendo en Dallas y sin embargo no sabía que algunas de las chicas que conocía de su ciudad natal estaban aquí hasta que las encontró en una de las prácticas.

Una extensión de Venezuela

Para las integrantes del equipo Dallas Kickingball, todo comenzó a inicios de abril del 2022 cuando Irausquin, decidió formar un equipo.

Irausquin, quien jugó en ligas mayores en Venezuela desde que estaba en la preparatoria, se mudó a Plano en septiembre de 2021.

Junto a Nicole Díaz, de 25 años, quien es la otra coach, utilizaron las redes sociales como medio para buscar chicas que vivieran en la zona y les interesará jugar kickingball.

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“Recibimos mensajes de varias chicas, fijamos la fecha y nos encontramos todas. Primero vinieron como 15. Hoy ya somos alrededor de 25″, comentó Díaz, quien llegó a Dallas desde Guarenas, Venezuela hace un año.

Díaz juega kickingball desde los 12 años.

“Fue que vi en Facebook en un grupo de venezolanos y dije: ‘chama que emoción, voy a poder volver a jugar kickingball’”, recordó Yahivic García, de 34 años.

“De una le escribí para apuntarme a la práctica”.

García emigró de Falcón, Venezuela a Carrollton hace cinco años y juega kickingball desde que estaba en la secundaria.

Así como Díaz, todas las integrantes del equipo salieron de Venezuela por distintas razones y dejaron atrás todo lo que conocían.

Algunas emigraron primero a otros países como Chile, Aruba, Panamá y distintos estados de Estados Unidos antes de llegar al Norte de Texas.

“Es muy triste dejar tu país, tu familia, todo y hasta tu deporte, pero cuando supe que se iba formar un equipo aquí no cabía de la emoción”, dijo Karina Rodriguez, de 52 años.

“Fui muy emocionada con mis hijos a comprarme los tacos (zapatos para jugar de futbol), ropa deportiva y un morral para guardar mis cosas”.

Rodriguez contó que a pesar de que llega muy cansada de su trabajo como repartidora de Amazon, los martes y jueves, los días que entrena el equipo, ella se apresura con las entregas y las cosas que tenga que hacer en su casa para llegar a tiempo a las prácticas.

Venezolanas que han hecho del Norte de Texas su hogar promueven el deporte femenino...
Venezolanas que han hecho del Norte de Texas su hogar promueven el deporte femenino Kickingball. Foto de las integrantes del equipo Dallas Kickingball en Lake Park en Lewisville.(María Ramos Pacheco)

“No me pesan esos días, al contrario, me levanto con más ganas y trato de no distraerme con las cosas de la casa, que si haciendo la comida y ese tipo de cositas para salir a tiempo y estar puntal con las chicas”, comentó Rodriguez, quien vive en Dallas desde hace un año después de que en 2018 se mudó de Falcón, Venezuela a Florida.

Nuevos uniformes e ilusiones

La migración venezolana se ha impulsado en los últimos cinco años debido a la situación económica y política en aquella nación sudamericana.

El Norte de Texas se ha convertido en hogar para alrededor de 18,000 venezolanos por diversas razones como lazos familiares y ofertas laborales.

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Para Yexi Cuevas, de 36 años, quien llegó a Lewisville en enero de este año, poder compartir con el equipo no solo se ha convertido en una fuente para descargar su energía del día a día, sino también para crear una comunidad y nuevas amistades.

“Llegar aquí y no conocer a nadie es muy duro, te sientes muy sola”, dijo Cuevas quien migró de Barinas, Venezuela.

Después de tres meses de entrenamiento, las integrantes recibieron una sorpresa de parte de sus dos entrenadoras: el jersey que portarían en su primera competencia fuera de Texas.

“Fue tan lindo, tanta emoción, teníamos los ojos cerrados y a la cuenta de tres los abrimos y vimos nuestras playeras. No lo podíamos creer, parecíamos niñas chiquitas con emoción”, recordó Emilia Vazquez, de 48 años, cuando les entregaron su uniforme.

Dallas Kickingball decidió mandar a hacer sus jerseys para su primer encuentro contra el equipo Chamas Kickingball de Tulsa, Oklahoma, y para realizar el viaje encontraron el apoyo de Pastelitos Hugo y Mordisko & Salsa, ambos restaurantes que ofrecen comida típica venezolana y que se convirtieron en los patrocinadores oficiales.

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“Es lindo ver como nos apoyan nuestros compatriotas. Ellos saben lo importante que es el kickingball en nuestro país y que podamos compartirlo aquí en este lugar que es nuestra nueva casa”, dijo Díaz.

El torneo se llevó a cabo en Tulsa y el equipo de Dallas se coronó ganador después de dos juegos consecutivos.

“Es el compartir, es el ambiente familiar, todas viajaron con sus esposos, hijos, amigos, y claro que competimos, pero al final todos compartimos e hicimos nuevas amistades en otro estado”, dijo Vazquez, quien migró de Maracaibo a Fort Worth hace cinco años.

Las integrantes de Dallas Kickingball buscan compartir con sus hijos este deporte para que no se pierda la tradición y también para que personas de otras nacionalidades lo conozcan.

Invitan a todas las chicas interesadas a unirse a su equipo y conocer más sobre el kickingball.

El sábado 3 de septiembre en Lake Park, las Dallas Kickingball se enfrentarán contra las Chamas Kickingball nuevamente.

“Esperamos que un día el kickingball se convierta en un deporte nacional en Estados Unidos y poder formar una liga. Que todo el mundo sepa que es esta disciplina y más personas lo jueguen”, dijo Irausquin.

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